Restaurante Miyama castellana 45 Madrid

El lunes (muy mal día para comer sushi) tuve la oportunidad de pasar por Madrid y aproveche para hacer una visita a dos restaurantes que tenia muchas ganas de conocer, El Miyama , ubicado en la Castellana nro. 45 y Kabuki (del que ya hablaremos)

Miyama es el 2do restaurante perteneciente a un grupo, dueños de otro Miyama ubicado en Flor baja 5, un sitio con mucha historia en el mundillo de sushi en Madrid,  que a su vez son gente que se mueve en el mundo del sushi desde hace mucho tiempo y la verdad controlan muchisimo.

Vamos al lio, Miyama impone con una barra amplia, cómoda, llevada por un jefe, otro cocinero y dos ayudantes, todos ellos japoneses, las tareas están bien repartidas, el jefe, corta sashimi, el 2do corta y prepara niguiris, uno de los ayudantes prepara hosomokis y el ultimo corta los rollos tempurizados  y creo prepara los uramakis, por ser un restaurante de unas 70 y menús desde alrededor de €20 el movimiento es continuo, lo cual genera una buena rotación de producto,.

Las neveras de 1ra calidad conservan pescados, cortados o enteros y en algunos casos las netas (parte superior del niguiri), a diferencia del sashimi que se corta en el momento, las piezas de pescados y otros ingredientes, se encuentran envueltos en film en algunos casos, cosa que alguien le podria chocar, pero me parece la mejor forma de cuidar la humedad de los pescados y otros.

La comida: pedimos un menú muy clásico, una sopa dobin mushi, sashimi de tres clases, arroz, niguiris variados, un uramaki de atun picante, postres y té.

Los niguiris son de buen tamaño,  generesos, hechos con muy buena técnica, aunque hecho en falta un poquito mas de temperatura del arroz, el uramaki, excelente, bien cortado, buena textura del arroz y de sabor equilibrado,  se nota mucho la buena calidad de las neveras, ya que las porciones de pescado estaban bien frías. El sashimi me pareció impecable aunque las piezas de salmón un poquito pequeñas, el emplatado equilibrado, elegante, vistoso, y los pescados (a pesar de ser lunes) muy frescos, bien fríos, el atún impecable, nos tocó una parte bastante grasosa y la verdad era un autentico lujo.

La sopa, presentación soberbia, graciosa,  era la primera vez que la tetera, no incluía las verduras, de sabor intenso y agradable al paladar, nos duró bastante poco. El arroz blanco bien, con un poco de furikake encima. Los postres los helados de siempre, uno de sésamo y otro de miso, nada especial pero ricos y del té poco puedo decir por que no controlo nada, simplemente beberlo y pedir la cuenta.

En lo sensorial, es un sitio espacioso, relajado, se puede ver que se trabaja cómodo, el servicio, muy bien predispuesto, con ganas de que lo pases bien y la verdad lo logran.

Hacia tiempo que no comia tan rico.

Fuente imagen: http://madridmeemborracha.blogspot.com

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